lunes, 22 de septiembre de 2014

Ay.

Me encantaría volver a cuando estudiaba a Sócrates, aquellos comienzos de segundo de bachillerato cuando la filosofía abrió ante mí un mundo nuevo de pensadores que se cuestionaban la vida y el devenir de las cosas. Cuánta identificación, uno tras otro mejorando las ideas...
Aunque Platón y Nietzsche fuesen más poéticos, yo siempre admiré a Sócrates. Con su dialéctica y mayéutica encontré mi amor a la humanidad, a hablar con las personas. Cada uno con su mundo de ideas, tan diferentes y a la vez tan similares...
Y aquella dulce inocencia en la que todo era posible, aún tenía que elegir carrera, elegir destino... Y tenía todo a mi disposición. Y ahora ya he perdido miles de posibles vidas por la decisión que tomé (de la cual, por supuesto, no cabe arrepentimiento) pero me hago mayor, me toca ya buscarle rumbo a una vida que no tiene rumbo.
Y sí, quizás lleves razón, quizás puedo salirme una y mil veces del camino, cogiendo otro y otro en cuanto me canse, pero también es agradable algo de constancia, aunque a esta edad no puedo arraigarme a nada y todo sea puro devenir...
La vida, marcada por cada una de las decisiones que se toman, y quizás eso es lo que da valor a las decisiones, saber que una (a veces) implica rechazar otra.
Yo sólo sé que vivir es maravilloso.
North Ireland. Giant's Causeway

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