jueves, 29 de agosto de 2013

envuélveme en tu escala de grises

Desde donde me encontraba se veía todo el desorden que se almacenaba en esas cuatro paredes, pero a él parecía no importarle. Con una mano apartaba el pelo de su frente, con la otra sujetaba ese cigarrillo que yo tanto odiaba, pero que acabó formando parte de él. Me miraba, yo temblaba por dentro a sabiendas de que lo que llegaría a continuación. Su ropa negra se fundía con el sofá, una lámpara con un foco amarillo (que parecía luchar por seguir prendiendo) nos separaba de la oscuridad, y nadie decía nada. Que incómodos se hacen esos momentos en los que ambos saben lo que va a pasar pero en los que nadie tiene el valor para dar el paso. Me eché atrás y me alivió sentir la frialdad del respaldo de hierro. Mientras apagaba su cigarillo dejó de mirarme, ojalá hubiese podido prolongar ese silencio más tiempo...

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