No me abandones, ahora no, que te necesito más que nunca...
Vuelve a mí la fatiga, el revolvimiento de tripas. Un viento fuerte, que azota cruelmente, y sin piedad... Un comentario vacío, pero muy lleno de palabras... Palabras que hieren, que te persiguen durante el día, intentas huir y huir (Oh, la dulce huida) pero cuando cae la noche, y estás en tu cama, tapado hasta arriba para que no te encuentren, llegan a ti, sin más finalidad que atrasar el momento de tu sueño.
Pero llega el olor a flores frescas: la primavera con sus consecuencias de piernas al descubierto y polen en el aire. Y sin razón, sonríes, porque todo continúa y continuará siempre, aunque tú prefieras quedarte un tiempo en pause...
Y miras a tu alrededor y sólo ves miradas de gente normal, tan humana como tú, con sus problemas, sus preocupaciones, sus miradas perdidas. Y buscas entre ellas una que sea capaz de comprenderte...
Y cuando te tumbas en el césped, con el sol calentándote, dejas de sentirte solo, pues su abrazo es tan cálido que no necesitas más y llegas a donde siempre has querido llegar...
Si es que a veces necesitamos tan poco...
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